Ser incapaz es mejor que ser ignorante

Hasta que no te encuentras delante del problema por primera vez, no te das cuenta de la capacidad real que tienes para enfrentarte a él. Los jóvenes pueden pensar que conducir es algo realmente sencillo y que no requiere ningún esfuerzo. La primera vez que te sientas en el asiento del conductor te das cuenta de la ignorancia que tenías y empiezas a ser consciente que eres incapaz de hacer dicha tarea correctamente. Del mismo modo pasa cuando te lanzas en un proyecto nuevo, un nuevo rol o nueva actividad que no hiciste anteriormente (como una presentación en público). En ocasiones hasta cuestionamos y opinamos sobre otras personas sin ser realmente conscientes de la complejidad.

En el momento de la verdad en el que te enfrentas tú a la actividad que veías desde lejos, te vienen los nervios, empiezas a buscar la máxima información en tu cabeza o en internet y hasta el miedo acecha para paralizarte en algunas ocasiones. Y en este punto es cuando tienes que sacar lo mejor de ti y ser humilde para pedir la ayuda o guía necesaria. Todos hemos estado en esa situación y la diferencia está en quien ha sabido convertirlo en una oportunidad de aprender.

Durante un tiempo estarás dedicándole mucho esfuerzo y energía para ser cada vez más competente y mejorar tu forma de hacer aquella tarea. En este punto, ya estás capacitado para hacer la actividad, pero a costa de grandes cantidades de energía. Con el tiempo y la práctica constante (repetición) llegarás al punto de “optimizarte” para ser más eficiente y no requerir tanta energía o atención porque ya te saldrá de forma automática. Felicidades, has adquirido una nueva competencia y seguro que podrás sacarle provecho.